El Paraíso Material
Es bien sabido que todo lo que surge tiende a desaparecer. Pero ésta es la verdad más temida.
Este temor, al ser negado con actitudes evasivas, se hunde en las arenas del inconsciente sin antes haber sido comprendida su naturaleza.
Desde la ocultación que provee el inconsciente, este temor regula, determina y rige la mayoría de reacciones y comportamientos.
Impulsado por este temor subyacente, el destino del individuo es empujado por una corriente de inercias emocionales, derivadas de una confusa implicación con el devenir.
La imagen subliminal de un caos originario se incuba ocultamente en el interior del ser humano, obligando a éste a huir de ese origen.
En esta huida, persigue un Paraíso Terrenal que emule el Paraíso Celestial que ha perdido, ignorando la naturaleza entrópica de todo lo manifiesto y la inutilidad de esta huida.
Según el Génesis, este paraíso terrenal, fue la creación de Jehová, para acabar con ese caos Originario.
Un paraíso que tuvo que enfrentar numerosas contradicciones y que provocó el arrepentimiento de su creador por su creación[1].
La percepción de ese caos abismal lleno de tinieblas[2], expresa y explica el temor subyacente sobre el que se construyó un sistema evasivo en un universo conceptual.
Para huir de esta percepción caótica que provoca la eternidad, se encerró en el inconsciente todo aquello que contradice la concepción periférica y evasiva de la existencia.
Desde esta trágica posición, se inicia la construcción de un plan de evasión, un paraíso ficticio, construido en un futuro imaginario.
Sólo unos pocos de dan cuenta de que esa huida temerosa nos catapulta hacia un progreso evasivo que, finalmente, nos acaba destruyendo.
Pretendiendo ignorar la ansiedad, que esta contradicción engendra, se elabora una ficción sobre una percepción deformada por la emocionalidad y la imaginación.
Tratando de protegernos del vértigo existencial (que subyace a este engaño) con un sofisticado sistema defensivo (elaborado desde la inconsciencia) vamos ahondando en la desesperanza y la deshumanización.
Con esta argamasa ilusoria, se ha construido el universo de expectativas (deseos) que permitirá (en un futuro improbable) una protección frente a lo rechazado.
La obstinación en mantener este tipo de defensa dificulta la percepción de la realidad.
Esta dificultad nos imposibilita reflexionar adecuadamente sobre la realidad de los hechos vividos.
Esta irreflexión nos impide descubrir que los rechazos van aumentando, en número y en intensidad, en la misma proporción en la que se avanza en este progreso evasivo.
Por otro lado, en la misma medida en que aumenta esta evasión, se desarrolla interiormente el perfil de víctima resentida hacia a una existencia que es incapaz de satisfacer sus deseos.
Desde esta actitud victimizada, se afronta el devenir, mientras se exculpa este drama existencial hacia un poder superior imaginario[3].
Frente a esa actitud, que subyace en la conciencia de quien se ha alejado de su origen, surgen diferentes tipos de argumentaciones falaces que dan cobijo a un solapado menosprecio por la conciencia, la indagación, la naturaleza espontánea, el amor, la compasión, la nobleza, la pureza…
Tras este alejamiento de sus cualidades genuinas, el ego pretende suplirlas con una burda emulación. Y así, se crean egos amables, cosméticamente amorosos y filántropos. Tal como haría un Dr. Jekyll, que ignora y desconoce a Mr. Hyde.
[1] “Y se arrepintió Jehová de haber hecho al hombre en la tierra, y le pesó en su corazón.
«Exterminaré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho.»” [Gen. 6,6].
[2] “La tierra era caos, confusión y oscuridad por encima del abismo.” [Gen, 1,2]
[3] Dios, para los creyentes, y la sociedad o el estado, para los ateos.
Marsias Yana
Extraído del libro “Huyendo del Origen”